Las cortesanas y la luna
hitotsu ya ni yuujo mo netari hagi to tsuki | ![]() |
Bajo un mismo techo durmieron las cortesanas, la luna y el trébol. |
En la habitación contigua se oían voces que parecían ser de dos mujeres; después se les unió la de un anciano. Al escucharlas, adiviné que se trataba de cortesanas de Niigata; se dirigían al Santuario de Ise y el viejo las había acompañado hasta Ichiburi; al día siguiente regresaría aquel hombre a su tierra y ellas escribían recados y le daban pequeños encargos. Casi dormido seguía oyendo sus conversaciones: somos hijas de pobres pescadores, esas que llaman “blancas olas que corren a su ruina al caer sobre la playa”, cada noche una unión distinta y ninguna duradera, no hay promesas ciertas, malhaya sea nuestra suerte, ¿qué hicimos en nuestras vidas pasadas para merecer esto? A la mañana del otro día, al salir de nuestro albergue, nos dijeron llorando: “No conocemos el camino y nos da miedo el largo viaje; quisiéramos seguirlos, aunque sea a distancia; sean benévolos, llevan ropas de monjes peregrinos, ayúdenos a encontrar la senda del Buda”. Sentí piedad pero las dejamos diciéndoles: “Nos da mucha pena: tenemos que visitar muchos lugares y sería mejor que ustedes se uniesen a otros viajeros. Anden tranquilas, los dioses las protegen y las harán llegar sanas y salvas a su destino”. Y al despedirlas con estas palabras apenas podía contener mi compasión.
(Sendas de Oku, Matsuo Basho)
Sí, yo también me pregunto qué habrá sido de ellas...
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